Narraciones

Relatos de lo insólito, extraño y arabesco.

El Pintor

Me encontraba agotado, mirando mi cuaderno en blanco sin inspiración alguna. Al cabo de un rato me percaté que el viejo jardinero de la Plaza Mayor se encontraba mirándome divertido; dejo las tijeras a un lado y se me acercó. Tras un cortés saludo, en el que pude identificar que era extranjero, se dispuso a relatarme una historia que tomó lugar hace muchos años en el mismo lugar donde yo me encontraba.  

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El aleteo de una decena de palomas tras las campanadas de la catedral anunciando las seis menos diez de la tarde - conocida por la mayoría como L’heure de l’étrange - junto con el sonido de los ruidosos fieles que salían de las puertas de la misma, así como otros tantos que caminaban sin rumbo por la Plaza Mayor, no podía ser descrito como un escenario tranquilo y de contemplación; pero aún así, a una esquina de la plaza, se encontraba un personaje sentado en un viejo taburete de madera sumido en su mundo de formas y colores.

Con la mirada fija en un amplio lienzo, totalmente en blanco, II Pittore, como solían llamarle,  reposaba en una curiosa pose en el taburete de madera. Tenía las manos cruzadas, hombros caídos y espalda doblada formando un arco casi perfecto; su cabeza inclinada hacia adelante, daba la impresión es estar a punto de sumergirse en aquel virginal cuadro. Sus piernas estaban juntas, dobladas y colocadas sobre uno de los soportes entre las patas del taburete. Su forma de vestir delataba su edad, desde la boina negra, su franela de seda y sus pantalones de lino, hacía creer que se trataba de una aparición perteneciente a algún un tiempo pasado. 

Las personas que pasaban cerca de él comentaban:

"Mira que abstraido se encuentra"."Es un genio"."Nada puede desviar su concentración, ¡que grande es!"."Es todo un maestro en su arte"." Es un orgullo para la ciudad". 

Il Pittore, no hacía caso de los comentarios y seguía con los ojos entre-cerrados observando aquel lienzo vacío. El sabía que era muy estimado por todos en Ciudad Vittoria y siempre le era tratado con respeto y con admiración, aún cuando ninguno de ellos recuerde haber observado alguna pintura de él alguna vez. Ninguno se atrevía a preguntar, pero, una persona que se mantenga concentrado de esa manera debía ser sin duda un maravilloso pintor. Ninguno era capaz de preguntar sobre sus obras ya que era implícito que todos le conocía y que era uno de los grandes artistas de la ciudad. No fueron dos, ni tres, sino cuatro, las veces que fue reconocido por el alcalde como Artista del Año. Las revistas locales solían referirle, pero ya que ninguna conocía su obra y los reporteros no se atrevían a decirle a su director que desconocían el trabajo del artista más destacado de la ciudad, se limitaban a elucubrar grandes ensayos sobre las destrezas y gran calidad del artista. Como no conocían ningunas obras de él para compararlas con otros pintores, solo comentaban como estos no se encontraban al nivel de aquel reconocido artista. 

Algunos de los feligreses que salían de la última misa del día, al pasar cerca de Il Pittore exclamaban:

"¡Pero que obra tan esplendida!". "No puedo imaginar en lo que esté terminada, ¡Ya es hermosa!". "Los ángeles nos han colmado de bendiciones por tenerle, ¡que sublime!"

Pero Il Pittore seguía concentrado en el lienzo. A veces, parecía que se le vieran murmurar palabras. Las personas que pasaban cerca de él imaginaban que se encontraba poniendo orden al cuadro, otros, que decía para sus adentros los colores que iba a utilizar, y los más supersticiosos decían que se encontraba profiriendo alguna especie de viejo encantamiento para despertar las imágenes invisibles dormidas en el lienzo. 

Ese día en particular, entre los feligreses que salían del último oficio del día, se encontraba una conocida señora de la sociedad, acompañada de sus nietos, un par de regordetes gemelos que vestían uniformes escolares idénticos, y, una pequeña niña de aspecto descuidado con rulos mal elaborados y hermosos ojos color caramelo. Se encontraban pasando de lado del poeta, cuando una señora, aparentemente conocida de esta le dijo calladamente:

"¿Es hermoso, no? El cuadro. Se dice que tiene al menos 10 años trabajando en él. Será magnifico, sin lugar a dudas y será un orgullo para nuestra ciudad"

"No tengo dudas de ello, es completamente exquisito."- Dijo la abuela de los gemelos.

La pequeña niña de ojos caramelos, que escuchaba atentamente la conversación entre ellas, dijo subitamente:

"¡Pero allí no hay nada! ¡No ha pintado nada!"

Un par de señores que pasaban cerca, al escuchar a la niña uno de ellos le comentó al otro:

"Oh, ¡que horror!, ¡Que niña tan maleducada!, no aprendió nada en la escuela" 

"¡Que pena!," - decía su amigo - "los niños con tan bajo nivel de cultura, no pueden reconocer el arte"

La abuela de los gemelos, al escuchar aquello, sintió pena que la niña estuviera bajo sus cuidados y se excusó:

"Lo siento mucho, ella siempre trata de llamar la atención y dice toda clase de comentarios carentes de toda lógica y razón"

Pero la niña que veía extrañada el lienzo, dio unos pasitos y se colocó justo al lado del pintor. Las personas cercanas le miraban nerviosos de que fuera a distraer al gran artista de realizar su obra, pero ella tras forzosamente obligarse a ver alguna imagen en la blancura del cuadro y no encontrarla, dio dos pequeños jalones al pantalón del artista.

"Buenas Tardes, Señor. ¿Por qué no ha pintado nada?"

Las bocas de las personas alrededor se abrieron de espanto. La niña acababa de hablar con el artista, quizás habría arruinado un momento de de inspiración, algunos incluso afirmaron que cuando este se disponía a realizar el primer trazo fue interrumpido por la niña, haciendo que su idea se perdiera quizás para siempre. Los periódicos del día siguiente tendrían titulares como “NIÑA ARRUINA 10 AÑOS DE TRABAJO DEL IL PITTORE” ó “INSPIRACION DE IL PITTORE ARREBATADA POR UNA NIÑA”. Pero a pesar de las decenas de ojos observándole inquisitoramente, la niña prosiguió:

"¿Señor?, es de muy mala educación no responder cuando le hablan"

"Pero también es mala educación interrumpir a alguien mientras pinta" - dijo Il Pittore, que había salido de su estado contemplativo y ahora miraba a la curiosa niña. Se pudo escuchar un gemido de sorpresa al unísono de los que observaban la escena. La niña había hecho que el gran pintor de la ciudad perdiera su concentración, ahora, ¡la gran obra ha sido arruinada!. Seguramente el pintor tendría que iniciar otro cuadro más y tardaría otros diez años nuevamente, pensaron los allí reunidos, o quizás muera antes de terminar la obra ¡todo por culpa de una niña sin modales! 

"Si. Pero Ud. no ha pintado nada, así que no le he interrumpido." - dijo la niña de manera inteligente.

"Si, tienes razón"- el anciano hablaba un forzado español - "pero me encontraba imaginando, pensando, el cómo hacer el cuadro"

"Y, ¿de qué trata el cuadro?" 

Era la primera vez que alguien se le había acercado a el para preguntar y no para hablar ó exclamar los prodigios de su trabajo. Por primera vez alguien le hacía la pregunta que había tenido en su cabeza a lo largo de diez años. Podría decirle que se trataba del paisaje de un imponente Schloss alemán con niebla a sus lados; que trataba de un retrato simbólico donde representaba a una madre y su hijo en plena cena de Navidad, que realizaría una representación de la Battalla del Rio Oblivio ó que sería una propuesta abstracta basada en la corriente Neoplasticista. Después de pensarlo un momento, tenía la respuesta:

"Pues, veras, mi querida niña"- dijo dulcemente Il Pittore - "no lo sé, no tengo la más mínima idea"

De entre la muchedumbre congregada se escuchó un grito lejano de uno de los presentes:

"¡Gran Maestro, no se deje desconcentrar por una chiquilla!"

A lo que siguieron una serie de “¡Viva Il Pittore!” y “¡Orgullo de la ciudad!” en coro. La niña que observaba atentamente la mirada del viejo pintor, notó como las alabanzas a su nombre resultaban en una casi imperceptible mueca de pesar.

"¿Por qué esta triste?"- preguntó la niña

"Porque no sé que pintar. Porque todos esperan mucho de mí, aún cuando ninguno ha visto ninguna de mis obras. Todos dicen que soy bueno y que soy un gran artista, pero, ninguno de ellos sabe por qué. Ahora, me da pena decepcionarlos, no se que pintar, no se que hacer. Y todos los días vengo a la plaza a pensar."

"¿Y en qué piensa?"

"Pienso en como decirles a todos que no sé como terminar este lienzo."- el anciano se llevó las manos a cara, tapándose los ojos con verguenza- "Con que palabras les diré. Como me pararé frente a todos, sus miradas expectantes, sus aplausos al terminar de hablar. Todos estarán confundidos, creerán que perdí mi inspiración, que mi mejor tiempo pasó y seré recordado como un digno artista, aún sin haber alguna vez permitido que el pincel roce el lienzo."

"¿Y por qué está acá, si no sabía pintar?"

"Mi padre era un gran pintor en su época así como su padre y el padre de su padre. En mi pueblo, los pintores son muy respetados y queridos. La mayoría de los niños desde temprana edad toman un pincel y estudian el hermoso arte de la pintura por muchos años. Cierto día me desperté y me dije que yo también podía ser pintor. Así que compré un pincel, un lienzo y me senté en la plaza a pensar un gran cuadro. Pero aún no lo termino, en realidad, no lo he comenzado" 

"¿Y por qué no pinta cualquier cosa que le venga a la mente?" - preguntó con curiosidad la niña

"¡No! Un artista tan reconocido no puede pintar cualquier cosa. Tiene que ser profundo. Tiene que ser hermoso. ¿Y si lo que hago no agrada? ¿Y si resulta ser nefasto y hago que la ciudad caiga en desgracia por mi mal arte?¿Y si termino decepcionando a todos aquellos que creían en mí?… Me preocupa que no les guste lo que haga. "

"Lo importante," -decía la niña seriamente- "decía mi papá, es que a ti te guste lo que haces."

El anciano se quedó pensando detenidamente en las últimas palabras de la niña. Ya las sombras de la noche irrumpían en la plaza y los faroles de aceite de la plaza comenzaban a prenderse por sí solos. Los murmullos de las personas aumentaban, llenos de suposiciones relacionadas a la conversación del pintor con la niña. Pensaban que quizás se encontraba narrándole sobre su obra y reprendiéndole por ser tan maleducada, otros, pensaron que detuvo su pintura para explicarle a la niña sobre el arte. ¡Que gran calidad humana la de Il Pittore! ¡Que bueno que era parte de nuestra ciudad!, pensaban en conjunto. 

"Pero, mi niña, yo no nunca he pintado nada en mi vida. ¿Y si lo hago mal?"

"¡No lo va a saber hasta que lo pinte!" - dijo la niña esbozando una gran sonrisa. El anciano se le quedó viendo con atención. La niña añadió:

"Mi papá decía que para ser un buen escritor, solo se necesita escribir y seguir escribiendo. Solo eso."

Con una sonricita, la niña hizo una reverencia, dio media vuelta y se perdió entre una muchedumbre expectante. Mientras veía como desaparecía ocurrió un inesperado cambio en el anciano. Por primera vez en mucho tiempo sonreía, tomó el pincel y pintó.

Esa sería la última vez que alguien vería a Il Pittore. Terminó su obra justo a la medianoche entre los aplausos y algarabía del público en la plaza.La pintura, representaba a una pequeña niña con ojos caramelos hecha con trazos toscos y sin mucho sentido estético. Inclusive, era difícil reconocer que se trataba de una niña si no fuera por el vestido.

Los críticos calificaron la obra inmediatamente de “sublime” y se gastaron muchas hojas de periódico cargadas de elogios y felicitaciones al artista. Lo más curioso del asunto es que todas estas reseñas fueron hechas, antes de ver la pintura. La multitud no veía una pintura realizada por alguien con pocas aptitudes artísticas, veían técnicas revolucionarias, un estilo desafiante, una nueva tendencia nacida de años de estudio. Por algunos años, el estilo se continuó imitando masivamente entre los artistas de Vittoria, aquellos que se atrevían a intentar conceptos nuevos, eran tratados de arcaicos y faltos de imaginación. Mientras tanto nunca se volvió a conocer sobre el paradero del ilustre artista, rumores de que se encontraba en Europa mostrando su estilo ó que se hallaba preparando otra pintura, eran comunes. Con el pasar de los años la gente supuso que el artista había decidido retirarse con su obra maestra. Entonces por un tiempo los periódicos aplaudían el coraje de aquel hombre que renunció a su carrera artística para ser recordado por su más conocida obra. 

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El anciano concluyó la historia con una gran sonrisa, se había tomado un tiempo de su trabajo para relatarme la historia del reconocido pintor; luego continuo con gran alegría manteniendo los jardines de la Plaza Mayor. Una alocada idea me vino a la mente, al observar el rostro de aquel anciano y ser invadido por una extraña familiaridad ante sus facciones. Es mejor olvidarla. ¿Quien en su sano juicio sería capaz de comparar a uno de nuestros ciudadanos más nobles, con el jardinero de una plaza?

  • 12 January 2011
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